lunes, 27 de febrero de 2017

Retrato de Luis Barragán el sastre pintor


Vive en Ciudad Jardín y viaja todos los días a la Zona T, en Bogotá, porque es allí donde  tiene sus clientes: hombres de negocios, diplomáticos y extranjeros que seducidos por la magia de su oficio asisten a reuniones y eventos vestidos con los trajes hechos a la medida de Luis Barragán.



Voy por la zona T abarrotada de restaurantes, almacenes y tiendas de diseñador, pero también de puestecitos de vendedores ambulantes que se rebuscan la vida. Camino, miro, pregunto; insegura, me acerco a un puesto de dulces para averiguar si conocen un sastre y con duda me señalan un centro comercial.

Entro, pero no es la persona que estoy buscando. Vuelvo a la calle y esta vez agudizo mi ojo para ver bien las señales ocultas que me lleven al sitio, del que no tengo ni siquiera la dirección, y sin tardar mucho al dar la vuelta a una esquina, ahí está: una sastrería, no es muy visible porque hay un restaurante en la planta baja: ¿Aquí hay un sastre? Pregunto. Suba al segundo piso: me dicen.

El local es pequeño: un mostrador, cuatro máquinas con diferentes funciones, una mesa para planchar, un estante con telas y un armario con los trajes listos para entregar. Él no se ve tan mayor como lo había imaginado y la sastrería es más modesta de lo que su fama me dice. Nos saludamos, le comento que quiero entrevistarlo, acepta pero me sugiere que lo llame para acordar un encuentro: “Ahora estoy muy ocupado”.

Nos reunimos un domingo. Me cita ese día porque está más relajado. Va a la sastrería todos los domingos a adelantar los trabajos que el agite de la semana no le permite finalizar y para escapar de sus hermanas, con las que vive: “Me gusta meterme aquí los domingos, porque en mi casa dan mucha comida, hacen cosas ricas y me subo de peso. Debo cuidarme porque tengo un marcapasos”.

“Yo me despierto a las tres de la mañana, no puedo dormir más. Me levanto, hago ejercicio, me baño, desayuno y a las siete u ocho de la mañana estoy saliendo para acá. Me demoro media hora de la casa a la sastrería y trabajo hasta las seis o siete de la tarde, si hay que entregar algún traje salgo de aquí cerca de las diez de la noche”.

Así es la rutina de Luis Barragán, un sastre de la Zona T, el que vive en el barrio Ciudad Jardín y día a día se transporta al norte de Bogotá para vestir a importantes señores de familias muy reconocidas de alta sociedad, pero también a extranjeros, diplomáticos y hombres de negocios que llegan recomendados por los empleados de los almacenes de paños del Centro Comercial Andino.

En su sastrería mide, corta, cose y confecciona a partir de un rollo de paño, que cuesta cerca de 450 mil pesos el metro, trajes que oscilan entre los dos y los tres millones: “Mis clientes son de mucho caché, vienen a este chusito de sastrería, esa es la razón por la que trabajó aquí, porque donde yo vivo la gente ya no manda a hacer ropa, la compra hecha”.

Luis es un hombre de tez morena, las canas en su cabeza evidencian su edad, él aparenta 10 años menos, mide cerca de un metro sesenta. Es calmado, pausado, piensa muy bien antes de contestar mis preguntas, pero le gusta conversar y hablar de su vida, se siente cómodo contándome sus experiencias y vivencias. Tiene 70 años, ha dedicado 55 al oficio, empezó a los 15, como castigo por ser expulsado del colegio cuando estaba en tercero de bachillerato. Su padre que era el dueño de la fábrica ‘Café Emperador’, lo envió con un sastre: ’Don Carlos’, al que le tenía alquilado un local, para mantenerlo ocupado mientras empezaba el año escolar.


A Luis le quedó gustando escuchar a los sastres contar historias, verlos fumar y tomar mientras se hacía cada vez más hábil en el arte de coser pantalones, chaquetas y trajes. El que no estaba muy complacido era su progenitor, porque veía que su hijo se iba volviendo muy “sinvergüenza”, no le pagaban y no estaba interesado en volver al colegio, entonces como represalia, le pidió el local a ‘Don Carlos’ y envío a su heredero como aprendiz a la Sastrería Bogotá, en el barrio Siete de Agosto.

A los 18 años ya era todo un sastre, pero por su juventud no le daban trabajo. Montó un taller en su casa, hacia trajes para familiares o conocidos y siguió haciéndolo hasta los 22 años, cuando su papá lo obligó a terminar el bachillerato. Él aceptó con la condición de estudiar medio tiempo y fue así como se graduó del Colegio Pío Latino, con la ayuda de los profesores con los que salía a tomar después de clases.

La sastrería es lo que me tocó hacer para vivir

Seguimos conversando y le pregunto por su pasión, por la sastrería. Hace una pausa y dice: “Cuando terminé el bachillerato no quise seguir estudiando. Yo soy muy bueno para el dibujo y mi hermana mayor me dijo que hiciera un curso de Bellas Artes en la Universidad Nacional, estuve allí cuatro años en varios programas de extensión y aprendí a pintar. Para mí es una satisfacción muy grande, porque con la pintura lleno mis ratos de ocio, es lo que realmente me apasiona”.

“Aunque yo sea considerado como uno de los mejores sastres, lo que a mí realmente me gusta es pintar en pastel, oleo, dibujar a lápiz, no importa la técnica. La pintura es lo que me llena de orgullo… La sastrería, es lo que me tocó hacer para vivir. Yo puedo meterme fácilmente un día en la mañana a mi estudio y amanecer pintando, ni me doy cuenta, el tiempo pasa. En cambio la sastrería me aburre”.

En varias oportunidades le he sacado el cuerpo a esto por cansancio. “Una vez acabe con todo, vendí hasta la última aguja y monté una cadena de comidas rápidas: ‘Mitos Pizza’, en el sector del Country Sur, fue muy próspera pero se acabó en los 90 porque empezaron los robos y atracos, entonces tocó cerrar y volver al oficio que siempre me ha dado para vivir”.

Es que este trabajo es muy bien remunerado: “El sastre gana muy bien”. Un ayudante puede recibir al día 70 o 100 mil pesos por hacer arreglos, una persona que cose una chaqueta unos 220 mil y ese pago se recibe al acabar y entregar la prenda, por eso al sastre le queda mucho tiempo para derrochar el dinero y dedicarse a “la sinvergüencería”.

¿Sinvergüencería? Le pregunto…”Precisamente, por la manera en la que un sastre gana el dinero, se presta para que sea inconstante con las mujeres”. Dice Luis, que aunque actualmente está solo, estuvo casado una vez y tuvo varias relaciones, porque según él: “Yo no me acuerdo de haberle sido fiel a una mujer, para mí era muy fácil dejarlas”. Aunque me confiesa, eso sí, que tuvo un amor inolvidable, el amor de su vida, una periodista que trabaja y vive en España, pero sobre la cual no dijo nada más.

Fruto de esas relaciones tuvo 5 mujeres y seis hijos. A una de sus hijas no la conoce, la mamá era familiar de un político de la ciudad y la relación no terminó bien. Tiene tres hijas más con las que se comunica poco y 2 hijos varones con los que mantiene contacto porque los crió y educó, tienen 37 y 17 años. El menor vive con él y le está pagando la universidad.

Y volviendo al oficio, cuando le pregunto a Luis por el futuro de la sastrería, me dice con su voz calmada que eso no le preocupa: “siempre habrá mercado para los sastres porque hay cuerpos difíciles y gente que tiene dinero para pagar por un buen traje hecho a la medida. Lo que va a escasear es el sastre porque en la actualidad ya no hay buenos y a los jóvenes no les interesa aprender este oficio”.

“A mí me hubiera gustado que alguien aprendiera lo que yo sé, como yo lo sé hacer pero no encontré nunca a una persona que quisiera trabajar este arte. Yo, personalmente, no creo que la sastrería vaya a decaer porque uno siempre tiene los mismos clientes, cuando se mueren desaparecen, pero llegan otros”.

Terminamos nuestra charla y veo su trabajo: piezas de paño, chaquetas a medio armar, pantalones con hilvanes en el ruedo, pero también trajes finamente terminados. Me los muestra con orgullo por el derecho y el revés, las puntadas son perfectas y las terminaciones también, todos tienen el sello “Luis Barragán”.

Antes de irme me hace la última confesión: “un sastre es como un psicólogo, genera un vínculo muy personal, desnuda no solo el cuerpo sino también el alma de su cliente en una relación que, a veces, perdura toda una vida”.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Chic y barato: de compras con poco presupuesto

“El que busca encuentra”… Eso dice el adagio aludiendo a que casi cualquier cosa en la vida se puede hallar cuando se busca con tenacidad, empeño o tesón; y aunque aplica para muchas circunstancias, se ajusta muy bien a la hora de comprar ropa, porque a casi todas las mujeres las seduce la idea de adornar su cuerpo con prendas o accesorios que les ayuden a mostrar su identidad con un sello personal, más allá de los prototipos o estándares de belleza establecidos socialmente.

El acto de adquirir las prendas que cubren el cuerpo constituye más que una transacción comercial, es una declaración de los más internos caprichos o deseos y la manifestación del poder adquisitivo y del holgado o apretado presupuesto con el que se cuenta en el momento de invertir en el armario.

Es por eso que a la hora de comprar, las mujeres de verdad, las que trabajan, se montan en un Transmilenio, hacen mercado y administran el dinero haciendo que alcance para la leche de los niños, así como para la falda, los tacones o el vestido con el que irán a la oficina, o que usarán para la cita romántica con el novio hacen actos malabares sumando aquí, quitando allá y ajustando por acá cada peso que se invertirá en trajes, atuendos y ornamentos.

Y es que comprar con poco presupuesto es un arte. Me dediqué a esta labor, casi detectivesca, de buscar por aquí y por allá ropa para armar tres looks para el mismo número de ocasiones, y si bien es cierto, la oferta de los almacenes en los centros comerciales es grande y hay ropa para todos los gustos, no siempre es verdad que aplique a todos los presupuestos y cuando lo hace, por lo general, no satisface las expectativas esperadas.

Por eso, como buscando una aguja en un pajar, recorrí dos centros comerciales, un outlet, varios almacenes de pueblo (Chía) y recurrí también a la amiga que trae ropa de Estados Unidos para armar mis pintas, que no superaron los $130.000 mil pesos por conjunto sin contar con un par de botines de cuero que compré rebajados a $119.400, y una chaqueta de jean por $75.000 combinables con todos y cada uno de los looks que escogí y que se convirtieron en piezas comodín.

Pero como una cosa es hablar de la experiencia y otra es ver los resultados, a continuación comparto las fotografías que ilustran una semana a la cacería de ropa económica y bonita que se resume en tres looks: uno para la oficina, otro para una salida casual y el último para una escapada de fin de semana. 

Look de oficina 
Falda KOAJ: $49.900
Camiseta KOAJ: $19:900
Total Look: $69.800

Look salida casual
 Blusa FDS: $49.900
Jean FDS: $79:900
Aretes: Zépiros accesorios
Total Look: $129.800

Look escapada de fin de semana 
Camiseta: $20.000
Pantalón: $50.000
Total Look: $70.000
Pinta comprada a una amiga que trae ropa de Estados Unidos.


La chaqueta y los zapatos, son las piezas comodín y aunque son un poco más costosas que algunas de las prendas con las que arme los diferentes looks, son muy versátiles y ofrecen múltiples posibilidades a la hora de usar.

Chaqueta de jean: $75.000
Botines Stivali: $119.400



Lo que aprendí
  • Es posible conseguir ropa que se acomode al gusto de casi cualquier persona. En comercios o tiendas de barrio se pueden encontrar prendas como una chaqueta de jean de $80.000 que después de regatear con la vendedora pude conseguir por $75.000 y que será una pieza de fondo de armario muy versátil.
  • Colombia tiene una industria de moda sólida y si bien hay muchas marcas con estatus que se están haciendo un nombre a nivel internacional, la producción textil es muy amplia y marcas como FDS o KOAJ ofrecen prendas con diseños exclusivos y muy asequibles a la hora de comprar.
  • La creatividad también es importante. Siempre me negué a comprar ropa a comerciantes independientes como la señora que la trae de Estados Unidos, pensando que hay mayor variedad y oferta en un centro comercial, pero me sorprendió encontrar un pantalón por $50.000 y una camiseta por $20.000 que usaré en mis salidas de fin de semana.
  • Estar alerta a las ofertas y rebajas es una muy buena opción a la hora de comprar ropa. Los almacenes siempre están rotando su mercancía y sí se está atento se pueden encontrar objetos en oferta con descuentos del 40, 50 y hasta 70% como los botines de $200.000 rebajados a $119.000 de Stivali.
  • Las tarjetas de descuento que obsequian algunos almacenes para los clientes preferenciales son una buena opción porque ofrecen descuentos del 10% en compras permanentes y un 20% el día del cumpleaños como la que me gané en FDS por la compra de un Jean y una blusa de $130.000.
  • Ahorrar a la hora de comprar con un presupuesto es prioridad para muchas mujeres, pero en ocasiones es importante invertir en piezas de mejor calidad que durarán más y los zapatos son una de ellas, por eso un buen par de botines de cuero más que un gasto son una inversión porque mejorarán cualquier look dándole un toque chic.
Finalmente, y después de esta experiencia de búsquedas y hallazgos, me quedo con la satisfacción de contar con nuevas prendas para mi armario y múltiples ocasiones para lucirlas y combinarlas, así que: ¡Me voy a estrenar!

domingo, 18 de septiembre de 2016

Espejos: más que reflejos

En la cartera o en la habitación compañeros incondicionales. Odiados y amados, necesitados y en ocasiones ignorados, los espejos son parte fundamental de nuestra vida; nos acompañan, elogian y adulan, aunque en ocasiones prefiramos desdeñarlos o desecharlos, los espejos fueron, son y serán un artilugio fundamental para el acicale femenino y para los rituales de aseo y engalane masculino.

Compinches inseparables de nuestras costumbres más íntimas, están presentes en nuestras habitaciones a partir del siglo XVI, aunque han acompañado al hombre desde tiempos ancestrales como lo confirman hallazgos de antiguos fragmentos de estos en Turquía; también fueron utilizados por egipcios, griegos y romanos quienes los fabricaban con aleaciones de metales preciosos.

Su esplendor está ligado al surgimiento de la industria del espejo en Venecia, cuando a partir siglo XV los vidrieros de murano los fabricaban con lujo y ostentación, tanto que se convirtieron en fuente de riquezas y sustento económico, así como en objeto de codicia para los franceses, razón por la que Jean Baptiste Colbert, ministro del rey Luis XVI, realizó una campaña que buscaba quitar del camino a los venecianos para hacerse con su monopolio.

Mientras tanto, en Venecia no se escatimaron los esfuerzos para conservar el secreto de su producción y se impuso un monopolio que prohibía a los obreros de las fábricas de cristales salir de la ciudad bajo pena de traición y sus consecuencias eran la cárcel, la expropiación de bienes y la muerte de familiares o amigos.

Prueba del esplendor de los espejos como elementos de ornamento y decoración fue la construcción de la Galería de los Espejos en el Palacio de Versalles por el arquitecto Jules Hardouin Mansart (1678-1684), que con 357 espejos, fue el escenario de eventos relevantes durante el reinado de Luis XIV, como el matrimonio de María Antonieta o posteriormente, la firma del Tratado de Versalles con el que se dio fin a la Primera Guerra Mundial.

El espejo como lo conocemos actualmente, debe sus orígenes al químico alemán Justus Von Liebig, a quien en 1835 se le ocurrió ponerle una placa de plata a un vidrio y el resultado: una superficie que refleja imágenes y formas que nos muestran cómo nos vemos, quiénes somos y cómo queremos ser percibidos.

Popularizados a finales del siglo XIX, se empezaron a ver de manera masiva, hasta el punto que, en Europa y Estados Unidos, había al menos uno en cada hogar y también tuvieron un lugar especial en las vitrinas de las tiendas de departamentos donde los maniquíes bajo grandes reflectores exhibían regias indumentarias para el deseo y capricho de los transeúntes.

Pero su lugar preferido ha sido las habitaciones de las mujeres como cómplices y compañeros de sus más íntimos rituales de belleza pues era allí, frente a un tocador, donde se aplicaban las cremas y carmines que daban vida al maquillaje con pestañas encrespadas y labios rojos inspirados en las revistas femeninas y la ayuda de los productos de belleza como los de Helena Rubestein o Elizabeth Arden y muchos otros con vigencia hoy en día. Para la muestra, el coro de esta canción del grupo español Mecano que en los 80 describe así el proceso de maquillaje:
Sombra aquí sombra allá, maquíllate, maquíllate
Un espejo de cristal y mírate y mírate
Sombra aquí sombra allá, maquíllate, maquíllate
Un espejo de cristal y mírate y mírate...


Pero los hombres no han sido esquivos a la fascinación de los espejos. Mientras las mujeres han tenido una aproximación más reservada, ellos lo hacían a través de la visita al barbero para afeitarse, lavar la cabeza, cortar el pelo, y dar forma al bigote, la barba o las cejas y engominar el pelo, rutinas que con el paso del tiempo se hicieron más íntimas y personales con la llegada de las máquinas de afeitar desechables.

La literatura también se ha dejado seducir por este artefacto: Narciso murió extasiado viendo su reflejo, mientras que Perseo cortó la cabeza de Medusa gracias al espejo que le dio Atenea. Jorge Luis Borges los menciona en su libro el Aleph, así como Bram Stocker cuando describe al Conde Drácula: “No proyecta sombra, ni reflejo en los espejos”, y más recientemente en la saga de Harry Potter el espejo doble de Oesed muestra “los más profundos y desesperados deseos de nuestro corazón” y ni hablar de la malvada madrastra de Blanca Nieves, que lo consultaba para asegurarse de ser siempre la mujer más bella del reino.



Pero los espejos también tienen su lado negativo, alrededor de su reflejo han surgido leyendas y mitos ligados a la magia, la adivinación y lo oculto. En la edad antigua eran usados como medios para predecir el futuro y son considerados portales de energía que comunican con otros reinos espirituales y dimensionales a través de los cuales acceden espíritus, como ocurre con la leyenda de Bloody Mery según la cual si se menciona este nombre 100 veces frente a un espejo iluminado con una vela el reflejo de la misma Mery aparecerá para aterrorizar a quien la invoque.

No cabe duda que los espejos hacen parte fundamental de nuestra rutina, son uno de esos objetos cotidianos que nos acompañan y prestan un servicio pero a los cuales nunca les damos la atención necesaria porque están allí para nuestra comodidad, pero a través de su utilidad tienen una historia que contarnos. Por eso la próxima vez que se ponga en frente a uno de ellos recuerdo que son más que un simple reflejo.

martes, 23 de agosto de 2016

Dirty dancing, moda y cine en una ecuación perfecta



La moda ha encontrado en el cine a su mejor aliado, de hecho, la primera se ha valido de este como un medio para difundir y dar a conocer a una inmensa mayoría estilismos que se adaptaban a una época o una realidad a veces lejana, pero no por eso menos apetecible y atractiva para el espectador, que desde su butaca tenía la posibilidad de aproximarse a una nueva visión de un mundo que ya no parecía tan aislado de su propia realidad.

Desde las primeras décadas del siglo XX, las películas han constituido un recurso valioso para las mujeres, quienes se han valido de la gran pantalla para construir, crear y reinventar sus vestidos y dar vida a sus armarios inspiradas en las diosas y heroínas glamurosas de las películas como las flappers, las vampiresas, las femme fatales o las chicas buenas y bonitas, entre otras, que han cumplido su rol como un aspiracional a imitar y seguir.

Uno de estos casos es el de la película Dirty Dancing, sino mi favorita, si puedo decir que es una de las que más me gustan y que por motivos personales ha dejado una huella muy grande en mi corazón. Considerada un clásico de los años 80, se estrenó el 21 de agosto de 1987 (29 años), aunque su temática está basada en la vida y costumbre de los años 60, una época donde las confrontaciones sociales, las protestas ciudadanas, la carrera espacial y la emancipación de la juventud manifiesta en una nueva manera de ver la vida a través de la música y el vestir eran comunes.

Dirty Dancing cuenta la historia de amor de Johnny Castle (Patric Sweazy) y Baby Houseman (Jennifer Grey). Él: pobre y profesor de baile, ella: adinerada y niña bien; se conocen en el verano de 1963 y de este encuentro, como es de esperarse, surge un amor que desafía los estereotipos de una sociedad conservadora y tradicionalista, cuyo hilo conductor es el baile al son de los ritmos cadenciosos de la década.

En cuanto al vestuario, Dirty Dancing, trajo a los años 80 una versión de la moda de los 60, gracias a la vestuarista Hilary Rosenfeld, quien en las primeras imágenes de la película muestra a una Baby con aire ingenuo y casi infantil donde los vestidos, faldas y suéteres en colores suaves y pálidos son el reflejo de su inocencia y que con el paso del tiempo, se van volviendo más sexis, hasta llegar a la escena final de la película donde se muestra a una mujer empoderada de su vida, luciendo un vestido rosa pálido, con vuelo y escote profundo.

Por su parte Johnny, es el renegado, el hombre peligroso, guapo, guapísimo, el que no conviene, pero del que es imposible no enamorarse, cuando aparece vestido de negro con sus pantalones ajustados, chaqueta de cuero y camisas que dejan ver unos músculos bien trabajados, todo un deleite visual que desata pasiones y rompe corazones. Típico estereotipo de las figuras masculinas que el cine nos ha mostrado durante años.

Y como era de esperar esta estética traspasó la pantalla. En el 87, año de estreno de la película, no se hicieron esperar las representaciones femeninas de “Baby” con sus shorts cortos, tenis blancos, camisas esqueletos, pantalones de jean ajustados sobre la rodilla y que paradójicamente cobraron vigencia en 2012, cuando llegó a sus 25 años.

Sin duda alguna Dirty Dancing es una de las cintas románticas más emblemáticas de todos los tiempos, admirada, amada y seguida por personas de distintas generaciones, que aún hoy en día la siguen viendo mientras tararean: “The time of my life”, su tema oficial y mi canción favorita.

Entre sus fanáticos están Nataly Portman o a Katte Middleton, cuya fiesta de compromiso se basó en esta cinta, eso sin contar con las series o películas que han hecho referencia a su tema musical como la comedia romántica: “Crazy Stupid Love”, donde Ryan Goslip usaba la canción para sus conquistas ocasionales o la escena en: “Le Arnacoeur”, donde Vanessa Paradise baila al ritmo de The time of my life una coreografía no tan perfecta, pero no menos atractiva de observar.

Dirty Dancing, es pues un ejemplo de cómo la moda y el cine forman, en ocasiones, un binomio que basado en la fantasía permite crear nuevas percepciones que se adaptan a nuestra realidad y que se traducen en estilos, usos, formas de vestir o estereotipos que se van metiendo para quedarse en nuestra vida como punto de referencia y que nos permiten identificarnos como grupo en nuestra sociedad.





domingo, 31 de julio de 2016

Colombiamoda 2016, la vitrina de la moda nacional.

Del 25 al 28 de julio, Plaza Mayor en Medellín fue el escenario de la más importante plataforma comercial y textil del País: "Colombiamoda 2016", un evento que reunió a cerca de 12.300 compradores nacionales y extranjeros, 650 marcas, 28 pasarelas a cargo de 35 diseñadores, 9 marcas comerciales, tres escuelas de diseño y 321 modelos que juntos generaron negocios por cerca de US$399 millones de dólares y un crecimiento del 17% frente a 2015.

Desde 1990 Colombiamoda se ha venido haciendo un espacio como uno de los eventos más importantes para la creación textilera y de moda no solo a nivel nacional sino también en América Latina, contando con la participación de importantes figuras del diseño como: Oscar de la Renta, Carolina Herrera, Loewe, Badgle & Mischka, Custo Barcelona o Agatha Ruiz de la Prada.

En su edición 27 contó con importantes diseñadores colombianos como: Pepa Pombo, Johana Ortiz, Renata Lozano, Lía Samantha, Andrés Pajón, Andrea Landa, Edwing D'Angelo, Agua Bendita, Jon Sonen y Ruvén Antorveza de Bastardo entre otros, quienes fueron los encargados de mostrar a través de imágenes, colores, texturas, formas, prendas y diseños la evolución de la moda nacional.

Aunque es difícil definir con algunas palabras cuatro días de pasarelas, diseño y color, a continuación me tomo el atrevimiento de mostrar mis momentos favoritos de esta importante plataforma comercial, con la salvedad de que seguramente faltaron muchos más que se escaparon a mis curiosos ojos.

  • Jorge Duque: con sus diseños inspirados en los años 70 pero con un toque futurista, en su colección Primavera/Verano 2017, se arriesgó con materiales alternativos para hacer faldas, corsés, mini vestidos, camisas amplias anudadas al cuello y prendas en cuero terminadas con costuras con tiras del mismo material. 
Fotografía tomada de: http://www.fashionradicals.com/tendencias/jorge-duque-inauguracion-colombiamoda-2016/
  • Otra de las diseñadoras que llamó mi atención fue Renata Lozano, que presentó una pasarela llena de prendas de denim con lavados y terminados delicados aplicados en vestidos, faldas largas, pantalones culottes y chaquetas acolchadas que acompañaban además unos fabulosos vestidos y faldas con boleros impresionantes en rojo, rosado, verde y azul que en ocasiones iban acompañados de bordados y mucha textura.
Fotografía tomada de: http://www.fashionradicals.com/category/tendencias/
  • Andrés Pajón para mí destacó con su trabajo manual y artesanal que inspirado en las tribus Kunas y Emberás con tops y prendas con corte de sirena en colores llamativos como el rojo y el amarillo.
Fotografía tomada de: http://www.fashionradicals.com/category/tendencias/page/2/
  • Finalmente, quedé impresionada con la propuesta de Ruven Antorveza de Bartardo. Su colección: "No necesito: una ofrenda sin un adios", basada en el desorden de identidad corporal BIIP, presentó maravillosas piezas como una chaqueta bomber blanca formada con más de 250 alas de insecto elaboradas en cuero.
Fotografía tomada de: http://www.fashionradicals.com/category/tendencias/page/2/


Pocas palabras para describir un evento como Colombiamoda 2016, pero con ellas busco contarles de manera superficial cuales fueron las piezas y prendas que más llamaron mi atención, son muchas las que quedaron por fuera, en esta mi visión del evento de la moda más importante y representativo del país.

viernes, 24 de junio de 2016

Coral, un color que ilumina mi día

Es increible como los colores, en este caso de la ropa que usamos, pueden definir la manera como nos sintamos durante todo el día. Yo recuerdo de pequeña cuando mi papá vestía de traje y corbata que decía que con el negro o tonos oscuros se sentía más cansado y pasaba lo contrarío cuando usaba colores claros, decía estar más fresco, relajado y con más vitalidad.

Pues a mí me pasa lo mismo. En mi caso, cuando uso negro o azul oscuro me siento más segura, más decidida como si pudiera enfrentarme con el mundo entero. Cuando llevo una prenda roja es como si llamara más la atención y me destacara más. Por su parte, el amarillo, que me encanta, me hace sentir feliz, como si estuviera en la playa, así esté en la fría Bogotá y con los tonos cafés me siento un poco invisible, como que me camuflara con el medio que me rodea.

En esta ocasión llevo un pantalón coral que, definitivamente, es el punto focal de todo el look y me gustó descubrir que de acuerdo con la psicología del color, este tono representa fuerza por vivir, energía o flexibilidad y así me siento con este color, tan pronto me puse el pantalón sentí deseos de arreglarme de ponerme tacones y de salir a la calle a disfrutar del sol y del luminoso día.

Por ser un color tan llamativo, preferí combinarlo con tonos neutros, en este caso con una blusa de encaje blanca y de cuello halter más una chaqueta beige. Me encanta combinar los colores fuertes y llamativos con prendas blancas, neutras o beige, siempre que los uso me alejo de combinarlos con un color oscuro como el negro, que en mi caso me parece una combinación muy brusca de colores, pero es un tema más personal y de gusto el que me hace alejarme de este tipo de mezclas.

Lo que más me gusta de este tipo de combinaciones, es que me saca una sonrisa y me hacen sentir más vital y con más energía, como quien dice cada día tiene su color y en mi caso para el de hoy fue el coral y aunque no es tono que se lleve a diario si me revitaliza y me llena de una bonita energía cuando lo uso.

Siendo así, los dejo con algunas fotos de mi look coral con tonos neutros, espero que les guste.

Y a ustedes ¿cúal color hace de su día uno mejor?


Chaqueta: Mango, blusa: Stradivarius, Botas. Tommy Hilfiger.

Chaqueta: Mango, blusa: Stradivarius, Botas. Tommy Hilfiger. 
Chaqueta: Mango, blusa: Stradivarius, Botas. Tommy Hilfiger.

Chaqueta: Mango, blusa: Stradivarius, Botas. Tommy Hilfiger.

Chaqueta: Mango, blusa: Stradivarius, Botas. Tommy Hilfiger.







lunes, 13 de junio de 2016

Días de novias, la feria con "todo" para la boda soñada

¿Es usted de las que ya dio el sí quiero? Seguramente debe estar en este momento pensando en todos los preparativos que se vienen para ese, que sin duda será el mejor día de su vida. Si es así, entonces ponga mucha atención, porque no se puede perder: "Días de novias", una súper feria especializada en la industria de las bodas, que se realizará en la ciudad de Bogotá este sábado y domingo 18 y 19 de junio en el pabellón 4 de Corferias.

Esta es una oportunidad única para las futuras "bride to be", porque en un solo lugar podrán encontrar una pasarela con trajes de novia, que se realizará el sábado y el domingo a las 4:00 de la tarde, acompañada por un desfile de lencería a cargo de Cristina Hurtado y su marca "Criss by Cristina".

Además de mostrar en vivo las tendencias para bodas 2016-17, en "Días de novias" habrá 105 empresas que ofrecen todos los servicios y productos para esta celebración como: fotografía, música, entretenimiento, ambientación, repostería, hoteles, luna de miel, wedding planner y lo que usted pueda necesitar para ese día tan especial.


¿Qué espera? ¡No se lo puede perder!