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jueves, 31 de agosto de 2017

Guardarropa de lujo con presupuesto limitado

Vestir bien está en la lista de prioridades para la mayoría de las mujeres. ¿Pero qué pasa cuando no se cuenta con el presupuesto adecuado para comprar la ropa que se desea? Pues bien, siempre existe la posibilidad de verse elegante y bien vestida, para lo cual, respire profundo, tómese una pausa, lea y reflexione sobre estos puntos que seguro le ayudarán a sacarse más partido a usted y a su guardarropa:

Foto: Pinterest

  • Preste atención a los forros, especialmente de los abrigos y chaquetas. Las costuras invisibles y con hilo del mismo color de la tela, producen la sensación de llevar una pieza de lujo y buena calidad.
  • Fíjese si los estampados coinciden en las costuras de la prenda, este detalle indica que el fabricante pensó en la calidad de la pieza y no solo en la economía a la hora de elaborarla.
  • Prefiera prendas confeccionadas con telas de fibras naturales como el algodón, la lana, el tweed o el lino sobre las sintéticas como el poliéster; ya que por su textura tienen una mejor caída y evitará pasar vergüenzas con esas desagradables motas o bolitas que aparecen dando un efecto tan molesto a la pieza.
  • Cuando de cuero o gamuza se trata, vaya siempre por piezas originales, que con el tiempo representarán más que un gasto una inversión, si no puede hacerlo, es mejor que con ese dinero compre una prenda que se acomode a su presupuesto y que sea de buena calidad.
  • Las cremalleras mal cocidas, demasiado visibles o de color diferente a la tela de la pieza denotan poca atención en los detalles y evidencian la falta de diseño y buena confección, por eso de ahora en adelante échele un ojito a las cremalleras, su guardarropa lo agradecerá.
  • Cuidado con los detalles. No solo las fallas en la confección o diseños de una prenda hacen que esta se vea barata, llevar la ropa arrugada, torcida, mal abrochada o descosida hacen que cualquier persona se vea mal vestida, y es que con razón dicen por ahí: “aunque la mona se vista de seda...”.
  • Las lentejuelas, brillos y encajes, en esencia, tan usados para la noche, si se van a llevar durante el día debe ser con moderación y en pequeños detalles. Su uso excesivo puede llamar la atención de manera negativa, haciéndola lucir recargada y estrambótica.
  • Las prendas clásicas como una camisa blanca, una falda a la rodilla, un pantalón con buen corte y ajuste a la cintura o un vestido negro clásico siempre serán símbolo de estilo, clase y refinamiento, por algo sin importar las variaciones de la moda, siempre estarán vigentes y serán piezas clave dentro de un armario femenino.
  • Ponga atención a la calidad de los herrajes y adornos. En el caso de los botones y elementos metálicos, estos deben ser de buena calidad, no deben estar pelados, desgastados y menos quebrados, porque también hablan a gritos de la calidad de la prenda.
  • Para un guardarropa de calidad busque crear el efecto de que sus piezas están hechas a la medida y para lograrlo tenga como aliada a una buena costurera o modista, que le ayude a ajustar su ropa para que le quede como un guante o como si hubiera sido pensada exclusivamente para usted.
  • Finalmente, sea consciente de sus prioridades a la hora de comprar. Invierta en las prendas que mayor se ajustan a su estilo de vida. Por ejemplo será más productivo gastar dinero en una buena camisa y pantalón que llevará por muchos años y para diferentes ocasiones que en un vestido de fiesta que probablemente usará un par de veces en toda su vida.


lunes, 27 de febrero de 2017

Retrato de Luis Barragán el sastre pintor


Vive en Ciudad Jardín y viaja todos los días a la Zona T, en Bogotá, porque es allí donde  tiene sus clientes: hombres de negocios, diplomáticos y extranjeros que seducidos por la magia de su oficio asisten a reuniones y eventos vestidos con los trajes hechos a la medida de Luis Barragán.



Voy por la zona T abarrotada de restaurantes, almacenes y tiendas de diseñador, pero también de puestecitos de vendedores ambulantes que se rebuscan la vida. Camino, miro, pregunto; insegura, me acerco a un puesto de dulces para averiguar si conocen un sastre y con duda me señalan un centro comercial.

Entro, pero no es la persona que estoy buscando. Vuelvo a la calle y esta vez agudizo mi ojo para ver bien las señales ocultas que me lleven al sitio, del que no tengo ni siquiera la dirección, y sin tardar mucho al dar la vuelta a una esquina, ahí está: una sastrería, no es muy visible porque hay un restaurante en la planta baja: ¿Aquí hay un sastre? Pregunto. Suba al segundo piso: me dicen.

El local es pequeño: un mostrador, cuatro máquinas con diferentes funciones, una mesa para planchar, un estante con telas y un armario con los trajes listos para entregar. Él no se ve tan mayor como lo había imaginado y la sastrería es más modesta de lo que su fama me dice. Nos saludamos, le comento que quiero entrevistarlo, acepta pero me sugiere que lo llame para acordar un encuentro: “Ahora estoy muy ocupado”.

Nos reunimos un domingo. Me cita ese día porque está más relajado. Va a la sastrería todos los domingos a adelantar los trabajos que el agite de la semana no le permite finalizar y para escapar de sus hermanas, con las que vive: “Me gusta meterme aquí los domingos, porque en mi casa dan mucha comida, hacen cosas ricas y me subo de peso. Debo cuidarme porque tengo un marcapasos”.

“Yo me despierto a las tres de la mañana, no puedo dormir más. Me levanto, hago ejercicio, me baño, desayuno y a las siete u ocho de la mañana estoy saliendo para acá. Me demoro media hora de la casa a la sastrería y trabajo hasta las seis o siete de la tarde, si hay que entregar algún traje salgo de aquí cerca de las diez de la noche”.

Así es la rutina de Luis Barragán, un sastre de la Zona T, el que vive en el barrio Ciudad Jardín y día a día se transporta al norte de Bogotá para vestir a importantes señores de familias muy reconocidas de alta sociedad, pero también a extranjeros, diplomáticos y hombres de negocios que llegan recomendados por los empleados de los almacenes de paños del Centro Comercial Andino.

En su sastrería mide, corta, cose y confecciona a partir de un rollo de paño, que cuesta cerca de 450 mil pesos el metro, trajes que oscilan entre los dos y los tres millones: “Mis clientes son de mucho caché, vienen a este chusito de sastrería, esa es la razón por la que trabajó aquí, porque donde yo vivo la gente ya no manda a hacer ropa, la compra hecha”.

Luis es un hombre de tez morena, las canas en su cabeza evidencian su edad, él aparenta 10 años menos, mide cerca de un metro sesenta. Es calmado, pausado, piensa muy bien antes de contestar mis preguntas, pero le gusta conversar y hablar de su vida, se siente cómodo contándome sus experiencias y vivencias. Tiene 70 años, ha dedicado 55 al oficio, empezó a los 15, como castigo por ser expulsado del colegio cuando estaba en tercero de bachillerato. Su padre que era el dueño de la fábrica ‘Café Emperador’, lo envió con un sastre: ’Don Carlos’, al que le tenía alquilado un local, para mantenerlo ocupado mientras empezaba el año escolar.


A Luis le quedó gustando escuchar a los sastres contar historias, verlos fumar y tomar mientras se hacía cada vez más hábil en el arte de coser pantalones, chaquetas y trajes. El que no estaba muy complacido era su progenitor, porque veía que su hijo se iba volviendo muy “sinvergüenza”, no le pagaban y no estaba interesado en volver al colegio, entonces como represalia, le pidió el local a ‘Don Carlos’ y envío a su heredero como aprendiz a la Sastrería Bogotá, en el barrio Siete de Agosto.

A los 18 años ya era todo un sastre, pero por su juventud no le daban trabajo. Montó un taller en su casa, hacia trajes para familiares o conocidos y siguió haciéndolo hasta los 22 años, cuando su papá lo obligó a terminar el bachillerato. Él aceptó con la condición de estudiar medio tiempo y fue así como se graduó del Colegio Pío Latino, con la ayuda de los profesores con los que salía a tomar después de clases.

La sastrería es lo que me tocó hacer para vivir

Seguimos conversando y le pregunto por su pasión, por la sastrería. Hace una pausa y dice: “Cuando terminé el bachillerato no quise seguir estudiando. Yo soy muy bueno para el dibujo y mi hermana mayor me dijo que hiciera un curso de Bellas Artes en la Universidad Nacional, estuve allí cuatro años en varios programas de extensión y aprendí a pintar. Para mí es una satisfacción muy grande, porque con la pintura lleno mis ratos de ocio, es lo que realmente me apasiona”.

“Aunque yo sea considerado como uno de los mejores sastres, lo que a mí realmente me gusta es pintar en pastel, oleo, dibujar a lápiz, no importa la técnica. La pintura es lo que me llena de orgullo… La sastrería, es lo que me tocó hacer para vivir. Yo puedo meterme fácilmente un día en la mañana a mi estudio y amanecer pintando, ni me doy cuenta, el tiempo pasa. En cambio la sastrería me aburre”.

En varias oportunidades le he sacado el cuerpo a esto por cansancio. “Una vez acabe con todo, vendí hasta la última aguja y monté una cadena de comidas rápidas: ‘Mitos Pizza’, en el sector del Country Sur, fue muy próspera pero se acabó en los 90 porque empezaron los robos y atracos, entonces tocó cerrar y volver al oficio que siempre me ha dado para vivir”.

Es que este trabajo es muy bien remunerado: “El sastre gana muy bien”. Un ayudante puede recibir al día 70 o 100 mil pesos por hacer arreglos, una persona que cose una chaqueta unos 220 mil y ese pago se recibe al acabar y entregar la prenda, por eso al sastre le queda mucho tiempo para derrochar el dinero y dedicarse a “la sinvergüencería”.

¿Sinvergüencería? Le pregunto…”Precisamente, por la manera en la que un sastre gana el dinero, se presta para que sea inconstante con las mujeres”. Dice Luis, que aunque actualmente está solo, estuvo casado una vez y tuvo varias relaciones, porque según él: “Yo no me acuerdo de haberle sido fiel a una mujer, para mí era muy fácil dejarlas”. Aunque me confiesa, eso sí, que tuvo un amor inolvidable, el amor de su vida, una periodista que trabaja y vive en España, pero sobre la cual no dijo nada más.

Fruto de esas relaciones tuvo 5 mujeres y seis hijos. A una de sus hijas no la conoce, la mamá era familiar de un político de la ciudad y la relación no terminó bien. Tiene tres hijas más con las que se comunica poco y 2 hijos varones con los que mantiene contacto porque los crió y educó, tienen 37 y 17 años. El menor vive con él y le está pagando la universidad.

Y volviendo al oficio, cuando le pregunto a Luis por el futuro de la sastrería, me dice con su voz calmada que eso no le preocupa: “siempre habrá mercado para los sastres porque hay cuerpos difíciles y gente que tiene dinero para pagar por un buen traje hecho a la medida. Lo que va a escasear es el sastre porque en la actualidad ya no hay buenos y a los jóvenes no les interesa aprender este oficio”.

“A mí me hubiera gustado que alguien aprendiera lo que yo sé, como yo lo sé hacer pero no encontré nunca a una persona que quisiera trabajar este arte. Yo, personalmente, no creo que la sastrería vaya a decaer porque uno siempre tiene los mismos clientes, cuando se mueren desaparecen, pero llegan otros”.

Terminamos nuestra charla y veo su trabajo: piezas de paño, chaquetas a medio armar, pantalones con hilvanes en el ruedo, pero también trajes finamente terminados. Me los muestra con orgullo por el derecho y el revés, las puntadas son perfectas y las terminaciones también, todos tienen el sello “Luis Barragán”.

Antes de irme me hace la última confesión: “un sastre es como un psicólogo, genera un vínculo muy personal, desnuda no solo el cuerpo sino también el alma de su cliente en una relación que, a veces, perdura toda una vida”.


lunes, 25 de abril de 2016

¿Cómo identificar un bolso MK original?



La semana pasada, mientras hacía mis lecturas matutinas, me encontré con un artículo titulado: "How to spot a fake vs. real Michael Kors bag?" o cómo identificar un bolso Michael Kors original, y decidí investigar cuáles deben ser las características a tener en cuanta a la hora de comprar uno de estos, que están en mi "must have list", y que aún no ha llegado a mi armario, en primer lugar por la falta de conocimiento de la marca y porque cuando he tenido la posibilidad de estar en algún almacén MK durante algún viaje, no han estado dentro de mi lista de prioridades.

Si bien, Michael Kors es reconocido entre otras muchas cosas por su variedad de accesorios: relojes, pulseras, zapatos, lentes de sol, son sus carteras de excelente calidad, llamativos colores y diseños, unas de las piezas más susceptibles a copias y piratería, razón por la cual no sobra reconocer e identificar esas pequeñas diferencias que las identifican a la hora de invertir en una de ellas. 

Entremos pues en detalle: 

  • Las letras del logo deben ser planas, perfectamente alineadas y deben ir hundiendo y empujando ligeramente el cuero y no pegadas sobre el mismo.
http://www.michaelkors.com/handbags/

  • El "hardware" o accesorios como herrajes, botones, cremalleras o el medallón MK que acompaña a estos bolsos, deben ser de metal sólido, elaborados en un material resistente que no cambie de color ni pierda su brillo y deben ir marcados con el logotipo "Michael Kors" en letras bien definidas. Sobra decir que los cierres deben estar en perfecto estado, bien cosidos y con un acabado perfecto.

http://www.michaelkors.com/handbags/
http://www.michaelkors.com/handbags/
  • Las costuras son otra de las cosas a tener en cuenta, estas deben ser parejas, derechas, elaboradas con hilo de buena calidad que no se deshilachen, se salgan o se rompan fácilmente. 

http://www.michaelkors.com/handbags/

  • El forro estampado es fabricado en tela resistente, marcado con el logo MK en el mismo tono de la tela y las letras deben ir en la misma dirección.
http://www.michaelkors.com/handbags/
Cabe tener en cuenta que si bien estas características aplican para la mayoría de los bolsos MK, pueden haber pequeñas variaciones dependiendo de la referencia del diseño o del material. Lo que sí es importante, si tomó la decisión de invertir su dinero en uno de estos objetos, es asesorarse muy bien sobre su calidad y precio, así como comprarlos en un lugar autorizado o a través en una página web que cumpla con los requisitos que garanticen la autenticidad de los mismos.

Finalmente, y en caso de que no contar con el presupuesto necesario para invertir en este tipo de accesorios siempre es mejor recurrir a marcas nacionales con precios más cómodos y que ofrecen excelentes productos con muy buenos diseños y acabados que nos permitirán estar muy bien vestidas mientras apoyamos a los artesanos, manufacturas, diseñadores y la industria nacional.